7.2.09

Corderos contra lobos

Alberto Pérez Martínez
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Sábado, 7 Febrero, 2009

La guerra entre el IFE y las televisoras augura que vamos a acabar empalagados de propaganda electoral. Exceso de caras, consignas y lugares comunes para que los ciudadanos elijamos a quienes padeceremos por tres años en los municipios y a quienes nunca más volveremos a ver aunque legislen en nuestro nombre.

¿Por qué votamos? ¿Por personas? ¿Por programas? ¿Por formas de ver el mundo? ¿Por todas las anteriores? ¿Qué significa la democracia después de 1988 de Cárdenas, de 2000 de Fox y de 2006 de López Obrador? ¿Qué nos ofrece la alternancia? ¿A poco usted es capaz de distinguir las diferencias entre un gobernante de un partido o de otro?

Y es que en las elecciones se desarrollan dos guerras: una, la obvia, entre partidos y candidatos; pero otra más oculta, entre quienes pretenden gobernar y los que serán gobernados. Lobos y corderos. Unos prometen y encandilan para alcanzar el poder; los otros padecerán los atropellos por acción o por omisión de los que llegaron al poder.

Botones de muestra: El cochinero (e impunidad) en Tonalá, la corrupción (e impunidad) en los municipios de la zona metropolitana (de los demás no sabemos). El caos vial; el peor registro público de la propiedad del país (y su impunidad), la contaminación del Santiago (y su impunidad), los terrenos de opaco en la presa del Ahogado (y su impunidad), las obras de Claudio; y sin meternos a las exageradas nóminas, los bonos, los recovecos para gastar sin rendir cuentas y los supernumerarios, la lista podría ser interminable.

Lo irónico es que en esa segunda guerra, los lobos van solos. No importa quién resulte electo siembre acabarán con un poder sin cortapisas. Los corderos no compiten. Un mal gobernante no tiene enmienda. El castigo, si lo hubiere, tendría que venir hasta las siguientes elecciones y esas ya se dan en otro escenario.

Establecer la agenda electoral

¿Cómo acotar a los lobos-candidatos? Se antoja imposible, pero hay modo. Depende de la habilidad de la sociedad organizada para establecer la agenda electoral y debatirla públicamente. En vez de discursos a modo de los candidatos; debates y respuestas a planteamientos bien hechos de grupos ciudadanos puntuales. Una interlocución para producir acuerdos y compromisos. ¿Un sueño?

Para provocar un diálogo de ese tipo se necesitan cuidar tres cosas: razones, representatividad y cohesión. En otras palabras: argumentos claros y contundentes; una base convocante que le dote de legitimidad y ofrezca seriedad al diálogo. Pero sobre todo, unidad en torno a sus planteamientos para amarrar acuerdos y crear las condiciones para perseguirlos.

La Gran Guadalajara

En estas votaciones la atención se concentrará en los municipios y en ese contexto hay un tema estratégico: la coordinación metropolitana de la zona conurbada de Guadalajara.

Está de moda hablar de competitividad; pues no hay nada que más la afecte que operar con seis áreas de planeación, seis reglamentos distintos, seis visiones diferentes para el desarrollo económico; seis modos de atender a la sociedad o promover la sustentabilidad ambiental.

Paso de cebra, la senda por donde los peatones —ciudadanos— transitan la ciudad, pretende meterse a ese debate.

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